domingo, 27 de junio de 2010

Es tan temprano y quiero que sea tan tarde. No soporto mi propia presencia, quiero quemarme viva y quemarlo todo. Sentir una vez más el fuego, pero esta vez un fuego real, no el de mi mente. Quiero ver sangre, no en fotografías, en mi cuerpo y en mi sábana. Quiero vomitar de odio y no de indigestión. Quiero asesinar la depresión y descuartizar su cadáver hasta lo imposible. La muerte y yo jugaremos al ajedrez esta noche.

jueves, 24 de junio de 2010

Hablando de pastillas nuevamente... :|

¿Será más simple vaciar la tableta?
Quiero pasar la madrugada muerta.
Creo que no puedo salir de mis problemas.

Vaso de vino, gotas de veneno,
invitarte a mi departamento.
¡Qué lindo despertar juntos y muertos!

jueves, 17 de junio de 2010


"¿Los jóvenes pueden aún cantar en las calles de Kandahar? ¿Las niñas pueden encontrar el amor con estas canciones? ¿El amor atraviesa las burkas?"

sábado, 29 de mayo de 2010


La arena de el reloj estaba empapada de vino, las fichas eran pastillas. Tuvo ganas de abandonar el juego. Le costaba, le dolía. Los autos sonaban más fuertes que nunca y el río le tendía una mano imaginaria. El tablero se hizo vómito y fue cada vez más dificil avanzar. Le quedaba tan poco amor para dar que no hizo más que aferrarse a la ira que la enceguecía, a la decepción de que no quedaba otra opción que terminar de hundirse. Donde fijara la vista, en todos los rincones de su piel, ya hasta en sus pulmones, había agua.

jueves, 27 de mayo de 2010

Bipolaridad

Tuve una noche de intenso placer. Insomnio, libros, música. ¿Qué creías que iba a decirte?
Muchas veces es necesario el morbo para lograr la justicia. Pero, ¿qué es la justicia? ¿Alguna vez la conocimos? ¿Y a la libertad? ¿Y a la verdad? Lo más sucio que conozco es llamado por otros "pureza" y los más impuntuales son los más ignorantes.
La alegría viene hacia mí. Una alegría tan llena de moretones. Tan muerta y viva a la vez. Tan hermosa, tan placentera pero tan insoportable a veces.
Y cuando ya no la necesito se desviste, para luego colocarse un traje de luto, haciéndome llorar, consumir y consumirme. Odio esa sensación sin nombre, aunque sin ella no estarías leyendo estas líneas.
Esta última afirmación dibuja una sonrisa en mi rostro. El luto ha terminado. Por ahora.